Sigur Rós, épicos y húmedos.


En la preciosa (por bella, profunda y tierna) película de Neil Jordan, Ondine (2009) hay una canción sublime que, dulce y profundamente, canta una mujer a la que creen sirena y con cuya voz atrae los peces y la suerte al barco de Syracusa, un pescador, ex alcohólico y padre separado, en las grises costas irlandesas. Esa canción es tan tenue, etérea e intima como no se escuchó nunca excepto en la mitología irlandesa sobre las criaturas del mar. En realidad, esa suerte es amor y compañía, pero la canción sirve de conexión épica entre el pescador, el mar y su sirena hasta que un video en la televisión que está mirando la hija de Syracusa (Colin Farrell) revela que sólo es una canción de la banda islandesa Sigur Rós.
Esa es la clase de sensación que tengo con la música de esta banda, separada oficial e indefinidamente desde enero de 2010: una inmersión total en una bruma húmeda, profunda y tranquilizadora como recuerdo la luz azulada nórdica, y como imagino su hielo y sus mares.
Sigur Rós significa en islandés Rosa de Victoria y ahora, por lo visto, sus miembros intentan carreras en solitario después de vender más de dos millones de discos.
Compuesto originariamente por Jón Þór Birgisson (Jónsi, guitarra y voz), Guim Tió (letrista), Georg Hólm (Goggi, bajo) y Ágúst Ævar Gunnarsson (batería) y la incorporación de Kjartan Sveinsson (Kjarri, teclado) para la grabación de Ágætis byrjun, tras la cual Ágúst Ævar Gunnarsson abandonó el grupo, reemplazado por Orri Páll Dýrason (batería), nacieron como banda en Reykjavík en el verano de 1994 y eligieron su nombre porque así llamaron a la hermana menor de Jónsi, nacida el mismo día que el grupo. Se hicieron grandes (numérica y mundialmente) en 1997 con su segundo disco (tercero contando un particular álbum de remezclas) Ágætis byrjun (Un buen comienzo).
Jónsi cantaba en Sigur Rós siempre un idioma particular, inventado por él mismo y más o menos improvisado, a partir de fonemas del islandés y sus propias sensaciones. Lo llama vonlenska, un acrónimo de von (esperanza en islandes) e islenska (islandes) con la artística teoría de que son quienes escuchan las canciones, quienes deben decidir el sentido último de las letras.
Y, de hecho, así es. No son canciones al uso para el simple disfrute (que no está mal). Van más allá, pequeñas obras de arte llenas de sensaciones e intimidad en las que expandir o recoger las velas de tu alma y tus deseos. Son tenues, raramente tenebrosas, húmedas, intensas, épicas, una apuesta musical única. Hoy Jónsi va por cuenta propia. No es lo mismo.

Prueba su música y pincha sus web oficial para saber más.
http://www.sigur-ros.co.uk/

El mayor escritor del siglo


El siglo podría ser el XX o el XXI, no me atrevo a aventurar que el XXII por lo que pueda pasar, incluso que no llegue la humanidad a contar tan lejos. El escritor es Saramago, nacido José de Souza en una villa, más que empobrecida, depauperada por siglos de injusticia, subdesarrollo y pobreza provocada a base de explotación, incultura y religión. El nieto de un hombre y una mujer que abrigaban en su cama las noches de invierno a la única fortuna que les mantenía vivos: unos lechones demasiado frágiles para enfrentarse a la ventisca y el hielo.
Publicó después de los cuarenta años cuando ya era un hombre vivido, sufrido y consciente del sufrimiento humano, y siguió escribiendo novelas maravillosas y dolientes sobre el corazón, el bolsillo y los principios de gente normal que estaban fuera de la norma, antes y después de su merecido Novel. Si los novelistas trabajan casi siempre sobre la condición humana, Saramago además, la destila con una claridad espectral y la coloca en el centro del mundo.
Desde su Evangelio según Jesucristo a su Caín, su Ensayo sobre la ceguera, su Memorial del Convento, su Hombre Duplicado o su Caverna, el ser humano en la deriva del sistema y sus reacciones, han sido siempre su tema, dando por irracional toda jerarquía y todo privilegio burgués, y rebuscando en la historia oficial la experiencia cotidiana de los anónimos.
Si, ya se que esto suena a despedida, a homenaje a un muerto, a palabras vacías que el muerto en cuestión, justamente porque está muerto, en una perífrasis como las que escribiría el mejor escritor del siglo, no las va a oír. Pero no me importa.
No me importa porque no se despide uno de quien no conoció, y porque lo importante junto a su compromiso vital son sus insuperables novelas llenas de pobres y gente normal enfrentada a las circunstancias del mundo con la única épica del superviviente al que le queda la ética frente a todo los demás.
No me importa porque leeremos siempre al autor omnipresente y eternamente consciente.
No me importa porque las palabras no son para Saramago, el muerto, ni para los suyos, la legión de lectores y a veces militantes de causas imprescindibles; son para mi, para reconocerme como admirador incansable de una prosa que destila ideas, conflictos, ética y necesidades, fusionada con la oralidad que distingue a la sabiduría del pueblo y la ética del resistente, la cotidianeidad hecha reflexión.
Para mí, que no podré esperar ya más una nueva novela de Saramago.
Y para quien quizá lea esto y descubra por primera vez las novelas del mayor escritor del siglo, y se sumerja en la vida de verdad contada por un poeta popular que cree en la ética y la solidaridad del ser humano, para patear prejuicios e injusticias que alguien ha creado y disfruta manteniendo.
Salud, compañero. Y eternas novelas.

Fútbol, Fútbol, Fútbol

Los equipos de fútbol de primera y segunda división en España deben a la Seguridad Social y la Agencia Tributaria 6.000.000.000 de euros. Haré como en los cheques que nunca firmé y lo diré en letra: seis mil millones de euracos. Tal cual. Algo así como el ahorro que se consigue con las rebajas y las congelaciones salariales de los trabajadores públicos recién aprobadas; o dos veces la aplicación de la Ley de la Dependencia según las previsiones de 2009. Y si, ya sé que ver fútbol es una actividad colectiva de ocio que practican en sus teles o en el bar millones de españoles y españolas, y algunos miles en los estadios. Sé también que posee un componente emocional muy intenso que mantiene a flote a mucha gente, que estructura pandas de amigos y que se suma a la filiación sentimental de millones de personas con su ciudad, su equipo, su comunidad o consigo mismo, en ese proceso mental de la identificación con el grupo que muchos individuos hacen para superar la nimiedad de la conciencia individual. Sé que toca de lleno el corazón de mucha gente, que mueve agendas, anula citas y hasta influye en la vida amorosa o sexual de mucha gente. Sé que es marca de ciudad, de país y de política turística. Y que produce mucho placer mirar fútbol y, a veces, incluso jugarlo.
También sé que el fútbol mueve millones de millones de euros, una pasa gansa, no sé si superada por otra actividad económica legal en el mundo. Tampoco sé si las finanzas de los negocios ilegales planetarios superan sus cifras. Sé que está mas imbricado con la moda, el marketing, los medios de comunicación, las constructoras y otros negocios que la política.
Pero también creo que una actividad no está exenta de IVA y otros impuestos por su valor sociológico, cultural o emocional. Que yo amo el teatro, y paga impuestos y seguridad social; que las bodegas generan empleo, fijan población en el medio rural y el vino es parte importante de la cultura española, y pagan impuestos; o que mi madre adora las calas blancas sobre toda las cosas, y las floristerías y viveros pagan impuestos.
Si se pueden pagar 80 millones euros por un jugador, se pagan los impuestos. Y si no se puede, no se paga al jugador pero se pagan los impuestos. Si se prima a los jugadores de la selección mejor pagada y primada del mundo (también conocida como la Roja) por hacer su trabajo, hay que pagar impuestos. Y si no también.
Porque si no, además de vergonzoso, inmoral, delictivo y otros epítetos que no caben en esta columnita, pero tengo acumulados en la boca y en la punta de los dedos que teclean mi ordenador, no pagar los impuestos del fútbol es un gravísimo insulto a quienes los pagamos por una nómina, un bar, una empresa o una hormigonera que costea su combustible al mismo precio del que lo usa en su coche para irse de fiesta. Y un espeluznante morro en tiempos de crisis y recortes salariales.
Y no, no tiene nada que ver con me guste o no el fútbol, o que el Mundial funcione como un magnifico telón para tapar virtualmente los efectos de la crisis. Disfruto viendo disfrutar. Pero un país normal y con ciertas aspiraciones a estado del bienestar, aunque sea maltrecho como el nuestro, necesita de sus impuestos.
Y si unos no los pagan, por qué lo van a hacer otros, ¿no?

Publicado en El Periódico de Aragón el 19.06.10

Sueño financiero

Me desperté ayer antes de lo normal. Vociferé en la ducha el Nessum Derma de Turandot de Puccini con la tranquilidad que da no tener público ante el que hacer el ridículo. Debía ser una reacción inconsciente crecida hasta el paroxismo porque cuando llegue al final entonando Vinceró, Vinceroooo, me sonó más apropiado que un venceremos proletario para una batalla final. Tenía la sonrisa puesta y las ganas excesivas y me tomé dos tazas de te en vez de una. Metí en mi bolsa la carpeta azul donde en mi casa me guardan y ordenan papeles de Hacienda y del banco para combatir mi alergia e incapacidad para el orden burocrático, y tomé el bus para bajar al banco que acababan de abrir. Habían diseñado de rosas ácidos y blancos su imagen corporativa para rentabilizar las ganas de tanta gente por verlo abierto.
Hice cola unos diez minutos, pero la hubiera hecho de diez horas para ser uno de los primeros en traspasarle mi ridícula e inconstante cuenta de autónomo a un banco tan esperado. Vi por fin, que había gente logrando créditos decentes para abrir negocios, sanear microempresas e incluso comprar casas sin vergonzosos intereses. Hasta coincidí alegremente con mi peluquero en el trance de montar su propia peluquería durante casi dos años mientras por fin firmaba su préstamo con los ojos arrasados. Abandonar mi banco y dejar de aportar, por escasa que fuera, mi cuota de beneficio a los culpables de la crisis, a los que durante años se volvieron locos con los prestamos, a quienes se inventaron marcas blancas de prestamos de usura para inmigrantes desesperados, a quienes ahora negaban los prestamos a cualquier emprendedor o hipotecas para adquirir vivienda, y pagar comisión por cualquier cosa que debiera ser un servicio por contar para sus trápalas con mi dinero, me produjo una felicidad inmensa. No habían tenido valor para nacionalizar la banca que nos ha hundido y a la que hemos insuflado más de 200.000 millones de euros de dinero público. Pero habían creado una banca pública para abandonar a los especuladores financieros a su suerte. Por fin. En ella se pagaba el sueldo de los trabajadores públicos, y con ella se intervenía el mercado financiero y el hipotecario para dejar al descubierto la desvergüenza de una banca culpable que es la única que se ha ido de rositas en la crisis mientras arrastraba a la ruina microempresas, trabajadores y países. “Con la jubilación mensual de Botín -decía una jubilada en la cola- mi barrio entero vive y se va de vacaciones durante un año”.
Luego me desperté. Es lo que tienen los sueños, que habitan mundos de fantasía donde los buenos ganan y los límites de la realidad no son barreras para tus quimeras, pero solo duran un rato. Luego solo queda la voluntad. Por eso, no sé, a lo mejor, mañana me levanto, y lo que hoy cuento como un sueño, es ya un titular de primera página y algunos podemos mandar a la banca privada a cascala. Que bien le vendría a un país y a un mundo, tan paranormales como los nuestros.
Maldito neoliberalismo. Y maldita cobardía.

Publicado en El Periódico de Aragón el 12.07.10

La imagen del funcionariado. (Reflexión de un desconocido que me llegó por mail)

Aún teniendo claro que estoy contra el recorte, pero que no creo que la huelga de un día fuera un instrumento util (como se está viendo), el texto que adjunto a continuación, escrito por un funcionario que no conozco y que no parece saber qué es un autónomo (sin derechos laborales) como yo, creo que es un texto que debemos leer y sobre el que reflexionar. A veces, a la condición humana la llamamos España, donde las cosas son un poco más raras.


"Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España se lo llevaba caliente a casa, cuando un en cofrador sin estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.
Y ahora que el asunto explota y se viene abajo, la culpa del desmadre… es de los funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores que gobiernan la cosa pública a cambio de una buena morterada no son responsablede nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos demasiados, hay que ultracongelarnos, somos poco productivos. Los responsables bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían devolverlo tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios inmobiliarios, especuladores, amigos de alcalde y compañeros de partida de casino de diputado provincial no tenían noticia del asunto. Nosotros sí. Como diría José Mota: ¿Ellos? No. ¿Nosotros? Si. Siendo así que ellos? No. Por tanto, nosotros? Si.
La culpa, según estos preclaros adalides de la estupidez, es del juez, abogado del estado, inspector de hacienda, administrador civil del estado que, en lugar de dedicarse a la especulación inmobiliaria a tocateja, ha estado cinco o seis años recluido en su habitación, pálido como un vampiro, con menos vida social que una rata de laboratorio y tanto sexo como un chotacabras, para preparar unas oposiciones monstruosas y de resultado siempre incierto, precedidas, como no podía ser de otra forma, de otros cinco arduos años de carrera. Del profesor que ha sorteado destinos en pueblos que no aparecen en el mapa para meter en vereda a benjamines que hacen lo que les sale de los genitales porque sus progenitores han abdicado de sus responsabilidades. Del auxiliar administrativo del Estado natural de Écija y destinado en Barcelona que con un sueldo de 1.000 euros paga un alquiler mensual de 700 y soporta estoicamente que un taxista que gana 3.000 le diga joder, que suerte, funcionario.
La culpa es nuestra. A poco que nos descuidemos, nosotros, los funcionarios, seremos el chivo expiatorio de toda una caterva de inútiles, vividores, mangantes, políticos semianalfabetos, altos cargos de nombramiento digital, truhanes, pícaros, periodistas ganapanes y economistas de a verlas venir que sabían perfectamente que el asunto tarde o temprano tenía que petar, pero que aprovecharon a fondo el momento al grito de mientras dure dura! y que ahora, con esa autoridad que da tener un rostro aprueba de bomba, se pasan al otro lado del río y no sólo tienen recetas para arreglar lo que ellos mismo ayudaron a estropear, sino que, además, han llegado a la conclusión de que los culpables son... tachan...los funcionarios.
Soy funcionario. Y además bastante recalcitrante: tengo cinco títulos distintos. Ganados compitiendo en buena lid contra miles de candidatos. ¿Y saben qué? No me avergüenzo de nada. No debo nada a nadie (sólo a mi familia, maestros y profesores). No tengo que pedir perdón. No me tocó la lotería. No gané el premio gordo en una tómbola. No me expropiaron una finca. No me nombraron alto cargo, director provincial ni vocal asesor por agitar un carnet político que nunca he tenido.
Aprobé frente a tribunales formados por ceñudos señores a los que no conocía de nada. En buena lid: sin concejal proclive, pariente político, mano protectora ni favor de amigo. Después de muchas noches de desvelos, angustias y desvaríos, y con la sola e inestimable compañía de mis santos cojones. Como tantos y tantos compañeros anónimos repartidos por toda España a los que ahora algunos mendaces quieren convertir, por arte de birli-birloque, en culpables de la crisis.
Amigos funcionarios, estamos rodeados de gente muy tonta y muy hija de puta.

PD. Si alguien, en cualquier contexto, os reprocha -como es frecuente- vuestra condición de funcionario os propongo el refinado argumento que yo utilizo en estos casos, en memoria del gran Fernando Fernán-Gómez: váyase Usted a la mierda, hombre, a la puta mierda."

Por Santos Rejas Rodríguez

ZGZ, Capital Europea de la Cultura

Esta es una obra del artista Sergio Zamarvide de WADstudio (We are Designers) para el video promocional de la candidatura de Zaragoza a Capital Europea de la Cultura. Está basada en el logo creado por Emilio Casanova de TodoComunicación y en el sentimiento popular de cambio social a través de la cultura que necesitamos. De otra cultura, por supuesto.
Precioso ¿no?