"La cultura del futuro no será nuestra cultura. La cultura eli­tista y humanista que conocemos sólo pertenece a unos cuantos. Recuerde que voy a cumplir ochenta años y empecé antes de cumplir los veinte a publicar artículos sobre por qué la cultura no se enfrentaba al fascismo o a los nazis. ¿Qué ocurrió? Aquí tenemos países con culturas superiores, tenemos las mejores es­cuelas, el mejor teatro, la mejor música. Y estos países nuestros se han convertido en infiernos. Y no sólo los países, sino que hay artistas grandes que se unen al fascismo. Nunca he dejado de hacerme esta pregunta, y aunque no tenga la respuesta, sí puedo decir que la cultura y el humanismo no son enteramente inocentes ni positivos. Walter Benjamin decía que toda gran obra está colocada encima de una montaña de inhumanidad. Es una verdad incómoda".

Palabras de George Steiner. Escritor, crítico y teórico de la literatura y de la cultura .

Premio Principe de Asturias 2001

Saramago contra la violencia machista

Esta entrevista al escritor José Saramago en el desaparecido programa de Eva Hache inspiró la primera manifestación de hombres contra la violencia machista. Era un llamamiento valiente y razonable para aportar una de las patas esenciales en la lucha contra el maltrato domestico, la violencia de género y el machismo.
Cinco años después, los argumentos mantienen toda la fuerza y vigencia. La Red de Hombres por la Igualdad asumió la propuesta y mantiene su espíritu, y recuerda estas imágenes y estas declaraciones ahora que se acerca el 21 de Octubre, fecha de la marcha en Sevilla de Hombres contra la violencia machista.
Pincha aquí.
http://www.youtube.com/watch?v=qRUKp12btzg&sns=em

El próximo 21 de octubre la manifestación de Sevilla y la concentración de Zaragoza nos ofrece la oportunidad de hacernos oír, alto y claro, contra la violencia y por la igualdad.
Toda la información en:

http://www.forohombresigualdad.org/

Hombres contra la violencia machista




El próximo 21 de octubre el Foro de Hombres por la Igualdad convoca en Sevilla una manifestación de hombres contra la violencia machista, una convocatoria que quieren difundir con este video de autoedición elaborado con la mejor voluntad del mundo.

Y en Zaragoza, una concentración a las 20´00 h en la Plaza de San Francisco bajo el mismo lema: Plantale cara a la violencia. Ponle cara a la igualdad.

http://www.youtube.com/watch?v=YcWs4q7czDM&feature=youtube_gdata_player

La mayoría de los hombres estamos contra la violencia machista, pero no siempre sabemos qué hacer para que, quienes la ejercen, sepan hasta que punto rechazamos su conducta, hasta que punto queremos evitar que sus actos nos lleven a ser percibidos como un peligro potencial para las mujeres.
El próximo 21 de octubre la manifestación nos ofrece la oportunidad de hacernos oír, alto y claro, contra la violencia y por la igualdad, y de contactar entre nosotros.
No se trata solo de eliminar los malos tratos físicos o sicológicos de la sociedad, que ya sería un logro histórico, sino también de definir otros modos de ser hombres y otro modo de relación entre personas. El machismo tiene a veces formas sutiles pero de graves e injustas consecuencias, que tenemos muy arraigadas sin ser conscientes de ello en la educación, la paternidad y la maternidad, el modo de relación laboral o la amistad.

Nos vemos en Sevilla.

Este es el sitio del Foro de Hombres por la Igualdad donde donde puedes encontrar más información.

http://www.forohombresigualdad.org/

Responsabilidad Económica, por Borja Vilaseca*

Los sociólogos más rebeldes aseguran que mientras siga funcionando el sistema monetario será imposible promover la eficiencia, la abundancia y la sostenibilidad. Los economistas más radicales advierten de que, debido al nivel de endeudamiento que arrastramos, podemos llegar a presenciar el colapso mundial del actual sistema financiero. Sean ciertas o no estas afirmaciones, lo fundamental es que reflexionemos acerca de los cambios y las transformaciones que sí dependen enteramente de nosotros.
Esta es la esencia de la denominada "responsabilidad económica". Si realmente queremos ser el cambio que queremos ver en el mundo, lo primero que podemos hacer es reflexionar acerca de cómo estamos ganando el dinero que necesitamos para sufragar nuestros costes. En vez de trabajar para saciar solamente nuestro propio interés, podemos buscar la manera de desarrollar una "función profesional útil", orientada al bien común. Es decir, cualquier ocupación laboral que aporte algún tipo de servicio, contribución, valor añadido, beneficio o riqueza real para la sociedad. También es fundamental saber de qué manera empleamos el dinero. De ahí el auge del "consumo ecológico". Nuestro poder como ciudadanos ya no reside tanto en el voto como en el consumo. Cada vez que pagamos por algo estamos validando y aprobando la manera en la que se ha producido. Esta nueva forma de votar parte de la premisa de que "el dinero es energía". Con cada euro que gastamos damos fuerza al comercio, la empresa, el producto y el servicio que compramos.
Además, el consumo ecológico es el principal promotor del "comercio justo" y la "producción ecológica y orgánica". Por un lado, el comercio justo apuesta por establecer una relación comercial voluntaria e igualitaria entre productores y consumidores, de manera que todos salgamos ganando. Y dado que el mundo se ha convertido en un gran mercado, su filosofía es que la mejor ayuda que las naciones desarrolladas pueden proporcionar a los países en vías de desarrollo es el establecimiento de relaciones comerciales éticas, justas y respetuosas.
Por su parte, la producción ecológica y orgánica es una firme apuesta por la calidad y no tanto por la cantidad. De ahí que no utilice transgénicos ni pesticidas, con lo que los productos son naturales y menos dañinos para todos.
En paralelo y de la mano de la revolución verde, la gestión de residuos y el reciclaje se están profesionalizando. Sin embargo, por más nobles y beneficiosos que sean estos procesos para el planeta, no están orientados a solucionar el problema medioambiental. Se centran en paliar los efectos de nuestra manera ineficiente e insostenible de consumir, y no en solventar su auténtica causa: el hiperconsumismo. Esta es la razón por la que parte de nuestra responsabilidad como consumidores consiste en disminuir y optimizar nuestro consumo, logrando generar menos residuos. Tanto es así, que el principal eslogan ecológico dice lo siguiente: "Reduce, reutiliza y recicla". En esta misma línea se encuentra el "ahorro consciente", que propone poner nuestro excedente de capital al servicio de la humanidad. Eso sí, esta acción pasa irremediablemente por dejar de ser clientes de la banca tradicional. Y no por asuntos morales, sino por ser verdaderamente coherentes con nuestros valores.
Lo curioso es que, en general, no solemos preguntar a nuestro banco a qué destina nuestros ahorros. Nuestra preocupación suele centrarse en los intereses y la rentabilidad que nos ofrece. Y este desconocimiento a veces genera que nuestro dinero se invierta en sectores y actividades con los que no estamos de acuerdo. Al empezar a concebir el mundo como un organismo vivo donde todo está interrelacionado, de forma natural optamos por la "banca ética". Y esta se distingue de las entidades convencionales en la naturaleza social de los proyectos que financia, en el filtro ético de las empresas en las que invierte y en la transparencia de sus acciones. No destina ni un solo euro a organizaciones relacionadas con el tráfico de armas, la explotación laboral, los combustibles fósiles petróleo, carbón y gas, los transgénicos o la destrucción de la naturaleza. En cambio, sí apoya todo tipo de proyectos sociales y ecológicos, promoviendo la ocupación laboral de personas con discapacidad o el desarrollo de las energías renovables, entre muchos otros.
¿Y qué hay de las empresas? ¿Qué papel juegan en la economía consciente? Pues aquel que los seres humanos que las creamos, dirigimos y componemos decidamos darle. Cuanto más se despierte nuestra consciencia individual, más rápidamente cambiará y evolucionará la mentalidad de las organizaciones, esencialmente para adaptarse y sobrevivir económicamente. Es una ley inmutable: las empresas no se transforman hasta que no lo hacen primero los empleados y los consumidores. Así, al ejercer una profesión útil y hacer un uso responsable y ético de nuestro dinero, estamos fomentando que las compañías impulsen internamente la "responsabilidad social corporativa". Y esta consiste en alinear el afán de lucro con la humanización de sus condiciones laborales y el respeto por el medio ambiente. Para lograrlo, las compañías han de tener como principal objetivo crear riqueza para la sociedad y que el dinero llegue como resultado.

* Por Borja Vilaseca, Director del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo de la Universidad de Barcelona. Publicado en El País, el 11/09/11

Ciudadanos y cuentas




El endeudamiento salvaje y bochornoso del que se habla como una de las causas de esto que aún llamamos crisis (a ver cuando hay valor de generalizar el concepto colapso del sistema) es real. Pero no es un endeudamiento público por el “exceso de gasto público” en los servicios y el todavía no consolidado estado del bienestar. Es real en el mundo privado. Son los causantes de este colapso (llamadlo crisis si os gusta más): las subprimes, la banca que pedía créditos al Banco Central Europeo para comprar luego deuda, las maniobras de desestabilización de las grandes firmas financieras encabezadas por la banca estadounidense y el Deustche Bank alemán, las hipotecas financieras… las que acumulan endeudamiento. Es privado, no público. Y la causa del endeudamiento público más importante son los planes de rescate a la banca que aún no han terminado y el sometimiento del capital público al privado. No las inversiones públicas ni las prestaciones sociales.

Y aquí es donde se produce una perversión semántica que intenta ocultar las intenciones del más crudo neoliberalismo aprovechando que hasta el más pobre empieza a aceptar lo imperioso de los recortes: confunden aviesamente gasto con inversión. Llaman gasto a la educación (que “hay” que recortar); llaman gasto a la cultura (que “hay” que recortar); llaman gasto a la salud y la sanidad (que “hay” que recortar); y llaman gasto "que es urgente eliminar" a las políticas sociales y las prestaciones que son cada minuto más urgentes por los desmanes derivados de sus planteamientos y exigencias: despedir, recortar, o aligerar el gasto de la Seguridad Social.
El objetivo es uno: salvar su culo de la hoguera que ellos encendieron y que alimentan a cada rato, mantener sus abusos y reforzar sus reglas. Justamente, el origen del desastre.
El discursito de la contención y la sobriedad se les ha quedado corto. Porque sin inversión, trabajo, apuestas arriesgadas públicas, y valientes políticas fiscales que dejen de alimentar el problema en su útero para reforzar la economía pública en su desarrollo, no mejoramos. Nos acercamos a la explosión de la miseria. Se debe trabajar sobre la economía real no sobre la financiera, una burbuja más frágil que una de fairy y más dañina que un campo de minas.

Y uno solo, no sale de esta. Ni una persona, ni un estado, ni un territorio. Ni los pretendidos salvadores que han llegado a regir nuestras comunidades autónomas (Rudi, Cospedal, Mas) o las que ya estaban (Aguirre), estos con las mayores deudas públicas y los peores servicios públicos. Ni se salva uno pisando los cuellos de los demás. Ni prospera un país intentando alejarse del resto (Alemania, Francia, Italia o España). Se sale juntos, y a la vez.

Ese juntos, aquí y ahora, se llama Europa. La Europa de intelectuales como Zweig, Erasmo, Arendt, Judt; Moro, Bauman o Block. La Europa de líderes como Gonzalez, Miterrand, Cohn-Bendit, Susan George, Jacques Delors o Massimo D'Alema. La Europa de los 470 millones de europeos y europeas que tendremos que pensar, reflexionar y decir (no olvidéis los dos primeros verbos antes de ejecutar el tercero, por favor).
No soy economista, obviamente. Soy un ciudadano. Y voy a seguir siéndolo porque no me resigno a ser solo contribuyente o consumidor.